Es innegable: la serie de Netflix «Mi Otra Yo» (Another Self) ha hecho más por la visibilidad de las constelaciones familiares que cualquier libro o taller en las últimas dos décadas. Y eso es algo que celebrar. Ha puesto en la conversación global la idea radical de que los traumas de nuestros ancestros pueden estar afectando nuestra salud y nuestras relaciones hoy.
Sin embargo, como facilitador, veo a mucha gente acercarse a este trabajo refiriendo dicha serie, y a menudo se ven superados por la realidad de una constelación. Y es que «Mi Otra Yo», por necesidades de guion, se queda a veces con lo anecdótico, con la revelación mágica, con la catarsis dramática. Y la verdad de este trabajo suele ser más silenciosa, más lenta y, a menudo, más profunda.

Pero la serie ha abierto una puerta maravillosa: la de usar el cine y las series para entrenar nuestra mirada sistémica.
El mejor «cine sistémico» no es necesariamente el que habla de constelaciones, sino el que, de forma intuitiva, ES una constelación. Son esas grandes historias que nos conmueven porque, sin saberlo, están mostrando los Órdenes del Amor (y sus transgresiones) con una claridad absoluta.
Hoy no vamos a hacer una lista larga. Vamos a tomar un ejemplo que quizás te sorprenda, una película que millones de personas aman, y que es, en mi opinión, una de las lecciones de constelaciones más perfectas jamás filmadas.
Hablemos de «Coco».
«Coco» (2017): La Obra Maestra de la Pertenencia
Si quieres entender el Primer Orden del Amor (el Derecho a la Pertenencia) y el poder devastador de un excluido, no busques más.
- El Desorden (La Herida): La familia Rivera vive bajo una regla tiránica: «prohibida la música». ¿Por qué? Porque un ancestro (Héctor) fue excluido del sistema, borrado de la foto, acusado de abandonar a su familia. Su pasión (la música) se convirtió en el símbolo del dolor y fue prohibida.
- El Síntoma (La Enfermedad del Sistema): La familia vive en una aparente armonía, pero está incompleta. Hay una tristeza subyacente, una rigidez (simbolizada en Mamá Imelda) y una negación del gozo (la música).
- La Lealtad Invisible (El «Yo como tú»): ¿Quién es el protagonista? Un niño, Miguel. ¿Y qué siente? Una atracción irrefrenable y inexplicable precisamente por aquello que está prohibido: la música. Miguel no es un «rebelde» por elección personal. Es el portavoz del alma familiar. Es la «oveja negra» que, por amor ciego al sistema, siente la llamada de lo excluido. Su alma intenta, a toda costa, traer de vuelta al ancestro olvidado.
- La Imagen de Solución (La Sanación): ¿Cómo se resuelve la película? No cuando Miguel triunfa como músico. Se resuelve en el momento exacto en que Héctor es reconocido, su historia es contada con verdad, y su foto es devuelta al altar familiar. Es el acto de inclusión más puro.
- El Resultado: En el instante en que el excluido es honrado y recupera su lugar, el Orden de Pertenencia se restaura. ¿Y qué pasa? El síntoma (la prohibición de la música) ya no es necesario. El amor, la alegría y la vida (la música) pueden volver a fluir en el clan.
«Coco» es una constelación familiar de 90 minutos. Nos enseña que la lealtad de un descendiente (Miguel) hacia un excluido (Héctor) es más fuerte que cualquier regla familiar consciente.
Entrenando la Mirada: ¿Qué Ver?
La próxima vez que veas una gran saga familiar (piensa en «El Padrino», por ejemplo, y su brutal código de lealtad al clan por encima de la vida misma), mírala con estos ojos. Pregúntate:
- Pertenencia: ¿Quién falta en la foto? ¿De quién no se habla? ¿Y quién de los protagonistas está repitiendo, sin saberlo, el destino de ese excluido?
- Jerarquía: ¿Quién está en su lugar? ¿Hay hijos actuando como padres (parentalizados)? ¿O hijos juzgando a sus padres (como yo hice)?
- Equilibrio: ¿Cómo es el dar y el tomar? ¿Hay alguien que da demasiado y se agota? ¿Alguien que solo toma y destruye?
Una Pequeña Filmoteca para el Alma
Como ejercicio para seguir entrenando esta mirada, aquí te dejo un listado de películas que, de una forma u otra, están cargadas de dinámicas sistémicas. Te invito a verlas (o reverlas) con estas nuevas preguntas en mente:
- El Padrino (1972) – Dir. Francis Ford Coppola
- Agosto (2013) – Dir. John Wells
- Volver (2006) – Dir. Pedro Almodóvar
- Secretos y Mentiras (1996) – Dir. Mike Leigh
- El Árbol de la Vida (2011) – Dir. Terrence Malick
- Encanto (2021) – Dir. Byron Howard & Jared Bush
- Little Miss Sunshine (2006) – Dir. Jonathan Dayton & Valerie Faris
- Celebración (Festen) (1998) – Dir. Thomas Vinterberg
- Hannah y sus Hermanas (1986) – Dir. Woody Allen
- Un Asunto de Familia (Shoplifters) (2018) – Dir. Hirokazu Kore-eda
Epílogo: La Vida como la Mejor Película
El cine y las series son un campo de entrenamiento maravilloso para nuestra mirada sistémica. Nos permiten observar estas dinámicas desde la seguridad de la butaca. Nos enseñan a ver los patrones, a sentir las lealtades, a intuir los desórdenes.
Y al entrenar esta mirada, poco a poco, empezamos a ver con más claridad la película más importante de todas: la nuestra.
Hemos explorado el mapa en el genograma, en la vida diaria, en los rituales, en los libros y ahora, en el cine. Hemos completado un viaje inmenso a través de la teoría y la práctica. Ahora, es el momento de volver a casa, a nosotros mismos, y ver qué hacemos con todo este conocimiento.
En el próximo post, el último de esta gran serie, recogeremos los frutos de este largo camino.En el próximo post, hablaremos de «La Cosecha: Recogiendo la Fuerza de tus Raíces para Impulsar tu Futuro».