Las Tres Conciencias, las Corrientes Invisibles que Gobiernan tu Alma

Confieso que cuando empecé a estudiar la teoría de las Tres Conciencias de Bert Hellinger, mi primer pensamiento fue: «Vale, hasta aquí hemos llegado. Aquí se le ha ido la cabeza». La idea de que no tenemos una, sino tres conciencias operando en nuestro interior, a menudo en conflicto, me sonaba a una complicación innecesaria, a una fumada filosófica.

Yo, como casi todo el mundo, entendía «la conciencia» como esa voz interna que nos dice lo que está bien y lo que está mal, esa que nos hace sentir culpables cuando mentimos o tranquilos cuando hacemos lo correcto. ¿Para qué necesitaba tres?

Seguí leyendo con el escepticismo de un detective que busca el truco. Hasta que Hellinger empezó a describir los conflictos entre ellas. Y entonces, paré de leer. Se me heló la sangre. Porque en la descripción de esas batallas invisibles, en las lealtades cruzadas y en las culpas inexplicables, vi mi propia vida reflejada con una nitidez que daba miedo. Ya no tuve dudas de su existencia.

La Brújula que Creías Conocer

Desde pequeños, aprendemos a navegar el mundo con una brújula interna: nuestra Conciencia Personal. Es la más superficial y la que todos reconocemos. Su función no es decirnos lo que es «bueno» o «malo» en un sentido universal, sino algo mucho más primitivo y crucial para nuestra supervivencia: qué tenemos que hacer, pensar y sentir para pertenecer a nuestro clan. Si en nuestra familia se valora el silencio, tendremos «buena conciencia» al callar y «mala conciencia» al hablar. Si se valora el éxito, sentiremos culpa por fracasar. Es la voz de la pertenencia a nuestro primer y más importante grupo: la familia.

La Corriente Subterránea que te Arrastra

Pero bajo esa brújula personal, opera una fuerza mucho más grande, arcaica e impersonal: la Conciencia Familiar (o Sistémica). Esta conciencia no se preocupa por tu bienestar individual. Su única y absoluta lealtad es con el sistema completo, con el clan en su totalidad, incluyendo a todos los ancestros. Su única ley es que los Órdenes del Amor se respeten.

Es la guardiana del equilibrio. Y no duda en sacrificar la felicidad o incluso la vida de un miembro posterior (un nieto, por ejemplo) para compensar un desorden ocurrido generaciones atrás (un excluido, una injusticia). Es la corriente subterránea que a menudo nos arrastra hacia destinos que no entendemos, todo en nombre del equilibrio del clan.

El Océano que Todo lo Sostiene

Y más allá de estas dos, Hellinger percibió una tercera, la más vasta e incomprensible de todas: la Conciencia Espiritual. Esta conciencia lo abarca todo, sin juicio. Para ella, no hay buenos ni malos, correctos ni incorrectos, perpetradores ni víctimas. Simplemente, hay destinos. Es la mirada que asiente a todo tal y como es, sin excluir nada. Es el océano que contiene todas las corrientes, sin juzgarlas. Alcanzar a vislumbrar esta conciencia, aunque sea por un instante, trae la paz más profunda.

El Campo de Batalla Interior

¿Por qué es tan liberador entender esto? Porque la mayoría de nuestros sufrimientos más inexplicables nacen del conflicto entre las dos primeras conciencias.

Tu Conciencia Personal te dice: «Sé exitoso, sé feliz, vive tu propia vida», porque eso es lo que tu familia actual valora. Pero la Conciencia Familiar, la corriente subterránea, te arrastra a fracasar una y otra vez, porque estás siendo leal a un abuelo que se arruinó y cuyo destino no fue honrado.

El resultado es un campo de batalla interior. Te sientes culpable si tienes éxito («traiciono a mi clan») y te sientes un fracasado si no lo tienes («no cumplo las expectativas»). Es una trampa perfecta, un sufrimiento circular del que la mente lógica no puede escapar.

Epílogo: La Primera Voz

Entender que estas tres fuerzas operan en nosotros nos libera de la culpa. Nos permite ver que nuestros bloqueos no son un defecto de nuestro carácter, sino a menudo el resultado de una batalla entre lealtades invisibles.

Hemos presentado a las tres protagonistas de este drama interno. En los próximos posts, exploraremos cada una de ellas en profundidad. Empezaremos por la más íntima, la más conocida, la que nos susurra al oído desde la infancia.En el próximo post, nos adentraremos en «La Conciencia Personal: La Voz de la Culpa y la Inocencia».

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