Si hay un área de la vida donde nuestras lealtades invisibles se manifiestan con una crueldad implacable, es en el dinero. Podemos hacer todos los cursos de finanzas, trabajar sin descanso, pero si en nuestra alma hay un enredo con nuestro sistema familiar, a menudo nos encontraremos repitiendo, como en una obra de teatro absurda, el mismo patrón de escasez, de ruina o de «ir de regular a mal».
Yo mismo viví décadas en esa trampa. Como ya he compartido, mi identidad de «oveja negra» venía acompañada de un patrón de fracaso profesional y económico. Era mi historia, mi justificación.

Hasta que, en una constelación, vi la verdad con una claridad que me heló la sangre. Vi mi lealtad invisible a mi abuelo arruinado. Vi mi «Yo como tú». Y en ese momento, una parte de mí, la más mágica, pensó: «¡Ya está! ¡El ‘bug’ está encontrado! ¡Hecho!». Creí, ingenuamente, que por el simple hecho de «verlo», el dinero, por arte de magia, empezaría a fluir.
Pero la vida, que es más sabia (y a veces más dura) que nuestros momentos ‘eureka’, me tenía preparada otra lección. Una bofetada de realidad. El dinero no empezó a fluir milagrosamente. El dinero empezó a fluir, lenta pero sólidamente, cuando tomé las riendas de mi vida. Cuando dejé de contarme la historia de la «oveja negra» y el «nieto leal» como una excusa, y empecé a usar esa revelación como una herramienta de liberación.
El Patrón No es una Sola Causa: Es un Cóctel de Lealtades
Mi revelación sobre mi abuelo fue la puerta de entrada, pero al seguir mirando, descubrí que mi «mala suerte» con el dinero no era una sola lealtad. Era un cóctel tóxico perfecto, un enredo en múltiples niveles:
- La Lealtad al Excluido (El Abuelo): Este era el «Yo como tú». Al fracasar como mi abuelo, mi alma infantil sentía la paz secreta de la pertenencia. Estaba honrando al excluido, pero con el sacrificio de mi propia prosperidad. Mi fracaso era mi declaración de amor.
- El Rechazo a la Madre (La Abundancia): Como hemos visto, la madre es el arquetipo de la vida y la abundancia. Es nuestra capacidad de «tomar» lo bueno. Al haberme sentido superior a mi madre, al juzgarla desde mi arrogancia infantil, estaba (sin saberlo) cerrando el grifo a mi capacidad de recibir. Rechazaba la fuente de la vida y, por tanto, el dinero no podía quedarse conmigo.
- El Rechazo al Padre (La Fuerza del Mundo): El padre es el arquetipo de la fuerza para ir al mundo, para tener éxito, para sostenernos. Al estar en guerra con mi padre, al rechazarlo por «no ser como yo quería», estaba castrando mi propia fuerza para triunfar en el mundo. No tenía el «permiso» interno para ser un hombre exitoso.
¿Qué posibilidades tenía de prosperar? Ninguna. Estaba atrapado por tres flancos: por lealtad a mi abuelo, debía fracasar; por arrogancia hacia mi madre, no podía recibir; y por rechazo a mi padre, no tenía fuerza para triunfar. Mi patrón de escasez no era «mala suerte»; era la consecuencia lógica de mi desorden sistémico.
La Adicción a la Historia del Fracaso
Y aquí llegamos al núcleo de la lección que me trajo mi mujer: «dejas de contarte historias». Mi identidad de «oveja negra leal» se había convertido en una excusa. Era una historia dolorosa, sí, pero era mi historia. Me daba un lugar, me absolvía de la responsabilidad total de mi vida. Era una prisión, pero una prisión conocida y cómoda.
La revelación sistémica, si no tenemos cuidado, puede convertirse en la excusa más sofisticada de todas: «No es mi culpa, es mi lealtad invisible». Y así, seguimos en el mismo lugar, pero ahora con una justificación espiritual.
El verdadero «clic» no es ver la lealtad. Es ver que tenemos el poder de elegir diferente.
Visto bueno recibido. Continuamos con el post #95.
Ha sido, como bien dices, un post muy potente. Hemos diseccionado ese «cóctel de lealtades» (abuelo, madre, padre) que te mantenía en la escasez y hemos identificado la trampa más sutil de todas: usar la revelación sistémica como una nueva y sofisticada excusa.
Ahora, nos adentramos en el «cómo». ¿Cómo se sale de ahí? ¿Qué significa, en la práctica, «tomar las riendas» y «dejar de contarse historias» desde esta mirada adulta?
El Verdadero Significado de «Tomar las Riendas»
Cuando mi mujer me dijo esa frase («te cuesta soltarlo»), me di cuenta de que mi sanación estaba incompleta. Había «visto» el problema, pero no había hecho el movimiento adulto. Creía que «ver» era suficiente. Pero «ver» es solo el diagnóstico; el tratamiento es un acto de la voluntad y del alma.
«Tomar las riendas», desde la perspectiva sistémica, no significa «trabajar más duro» o «luchar contra tu destino». Eso es, irónicamente, lo que ya hacíamos desde nuestra herida de niño.
«Tomar las riendas» significa hacer el movimiento de Asentimiento más profundo y valiente:
- Asentir a tu Origen: Dejar de pelear con él.
- Asentir a tus Lealtades: Verlas, honrar el amor ciego que las motivó.
- Asentir a tu Propia Responsabilidad: Elegir, como adulto, un destino diferente.
Es un trabajo interno, consciente y sostenido, que transforma el amor ciego en amor que ve.
El Movimiento Sanador: Honrar sin Repetir
En mi caso, «tomar las riendas» significó (y significa cada día) hacer tres movimientos internos que deshacían el «cóctel tóxico» que me mantenía en la escasez:
- Honrar al Abuelo (Liberar la Lealtad): En lugar de repetir su fracaso («Yo como tú»), pude empezar a mirarlo con respeto y decir desde el alma adulta: «Querido abuelo, veo tu destino de ruina y lo honro. Fue como fue para ti. Pero tú eres tú, y yo soy yo. Con tu permiso, y en tu honor, yo elijo un destino diferente, uno de prosperidad. Lo haré también por ti.»
- Tomar a la Madre (Abrir el Grifo de la Abundancia): En lugar de juzgarla desde mi arrogancia infantil («yo sé más»), pude hacer el movimiento de inclinarme y decir: «Mamá, tú eres la grande, yo soy el pequeño. Tomo la vida de ti, con todo, tal y como me la diste. Gracias. Es suficiente.» Solo al «tomar» a la madre, pude empezar a «tomar» lo bueno de la vida, incluido el dinero.
- Tomar al Padre (Recuperar la Fuerza): En lugar de seguir en guerra con él («jamás seré como tú»), pude mirarlo y decir: «Papá, tomo de ti la fuerza para ir al mundo. Gracias por ella. Dejo contigo tus asuntos y yo me hago cargo de los míos.» Solo al tomar al padre, recuperé la fuerza para sostenerme en el mundo profesional.
Dejar la Historia: El Duelo por la Excusa Perdida
Este proceso de reordenamiento no es gratis. Implica un duelo. Como dije, al descubrir mi lealtad al fracaso, una parte de mí sintió una profunda tristeza. ¿Por qué? Porque estaba perdiendo mi identidad.
Tenía que soltar la historia de la «oveja negra», del «fracasado leal». Esa historia, aunque dolorosa, era mi coartada perfecta. Me permitía no asumir mi plena potencia, mi plena responsabilidad. Soltarla me dejó temblando, desnudo ante el vértigo de mi propia libertad y mi propio poder.
Dejar de contarse historias significa renunciar al «beneficio secundario» de nuestro sufrimiento. Y ese es el paso más aterrador y más liberador de todos.
Epílogo: El Dinero como Consecuencia
Y entonces, sí. Cuando dejas de contarte la historia de la víctima. Cuando tomas tu lugar de hijo ante tus padres. Cuando honras a tus ancestros sin repetir su destino. Cuando tomas las riendas de tu vida adulta… entonces, el dinero empieza a fluir.
No por arte de magia. Sino como la consecuencia natural del orden. El dinero es una energía que sigue al alma. Cuando el alma está en su lugar correcto, en paz con su origen y alineada con la vida, la energía de la abundancia (que es la energía de la vida misma) puede, por fin, entrar y quedarse.
Y aprendes, como mi mujer sabiamente me recordó, que esa energía no es para acapararla por el miedo del pasado. Es para usarla al servicio de tu vida presente. Y para dejarla fluir.
Hemos explorado cómo nuestro lugar en el sistema define nuestro éxito y nuestra relación con el dinero. Pero hay otro gran mensajero de nuestros enredos, uno que llevamos con nosotros a todas horas: nuestro propio cuerpo.En el próximo post, nos adentraremos en cómo nuestro cuerpo físico se convierte en el escenario donde se representan los dramas no resueltos de nuestra red invisible. Hablaremos de «El Cuerpo como Campo de Resonancia: ¿Qué te Dice tu Dolor?».