La Elección de Pareja: ¿Buscas una Pareja o Repites una Historia?

«Es que sois las dos iguales».

Durante años, hice esa broma refiriéndome a mi madre y a mi mujer. Y me hacía gracia. Veía paralelismos claros: no físicos, pero sí en ciertas manías, en formas de reaccionar, incluso en pequeñas dolencias que compartían. Era una muletilla, una forma simpática de señalar esas coincidencias.

La Elección de Pareja: ¿Buscas una Pareja o Repites una Historia?

Hasta que un día, la broma dejó de hacerme gracia. De repente, la frase resonó con una profundidad inesperada. Ya no era una simple observación; era una pregunta inquietante. ¿Era casualidad? ¿O había algo más, una fuerza invisible que me había llevado a elegir, sin saberlo, a alguien que resonaba tanto con mi origen? Ese fue el sentir que tuve cuando empecé a darme cuenta de las implicaciones.

El Eco del Origen: ¿Por Qué Elegimos lo que Elegimos?

La elección de pareja es uno de los grandes misterios de la vida. Nos enamoramos, sentimos una conexión inexplicable, una certeza de que «es él» o «es ella». Creemos que elegimos libremente, guiados por el corazón o la atracción.

Pero desde la mirada sistémica, esa elección rara vez es tan «libre» como pensamos. A menudo, nuestra alma no está buscando una pareja para construir un futuro; está buscando a alguien que le permita resolver o repetir el pasado.

¿Por qué ocurre esto?

  1. Buscamos lo Conocido: El alma busca lo familiar. Los patrones de relación que aprendimos en nuestra infancia —la forma en que nos vinculamos con mamá y papá, la atmósfera emocional de nuestro hogar— se convierten en nuestro «mapa del amor». Inconscientemente, nos sentimos atraídos por personas que encajan en ese mapa, que nos hacen sentir «en casa», aunque esa «casa» fuera un lugar de tensión o dolor. La intensidad de la atracción a menudo es proporcional a la profundidad de la herida infantil que esa persona nos permite recrear.
  2. Intentamos Sanar la Herida Original: A menudo, elegimos a una pareja con la esperanza inconsciente de que nos dé aquello que no recibimos de nuestros padres. Si papá fue crítico y distante, quizás busquemos una pareja que nos dé esa aprobación anhelada… o, irónicamente, elegimos a alguien igual de crítico, en un intento desesperado de «ganar» esta vez la batalla que perdimos de niños. Buscamos en la pareja al padre o a la madre que nos faltó.
  3. Somos Leales al Sistema: A veces, nuestra elección está al servicio de una lealtad invisible. Elegimos a alguien que «encaja» con las expectativas del clan («alguien de buena familia», «alguien como nosotros»). O, de forma más trágica, elegimos a alguien que nos permita repetir un destino familiar («yo como tú, mamá, tampoco soy feliz en el amor»), o que nos mantenga vinculados a uno de nuestros padres (el hombre que elige a una mujer que necesita ser «salvada», repitiendo su rol de salvador con su madre).

Mi broma sobre mi madre y mi mujer no era una simple coincidencia. Era la prueba de que mi alma había buscado, inconscientemente, a alguien que resonara con la energía de mi sistema de origen. No porque fueran «iguales», sino porque mi mujer era la compañera perfecta para que yo pudiera seguir trabajando mis asuntos no resueltos con mi madre.

Epílogo: Liberar el Amor del Pasado

Comprender que nuestra elección de pareja está influenciada por nuestro sistema familiar no es para culpar a nadie, ni para dudar de nuestro amor. Es para liberarnos.

Solo cuando «tomamos» a nuestros padres tal y como fueron, con sus luces y sus sombras, dejamos de buscar en nuestra pareja lo que no nos dieron. Solo cuando sanamos nuestras lealtades infantiles, podemos elegir a nuestro compañero/a desde la libertad del adulto, no desde la necesidad del niño.

Y esa elección se siente diferente. Deja de ser esa atracción compulsiva, esa intensidad dramática que a menudo confunde la repetición con el amor profundo. La elección adulta tiene otro sabor: es más serena, más calmada. Nace de la plenitud, no de la carencia. La relación deja de ser una lucha por «arreglar» el pasado y se convierte en un equipo que mira hacia el futuro.

Entonces, la pareja deja de ser el escenario donde repetimos el drama familiar, y se convierte en el espacio sagrado donde dos adultos, completos en sí mismos, eligen caminar juntos.

Hemos explorado cómo las lealtades influyen en quién elegimos. Pero a veces, la lealtad más profunda no es hacia los que vivieron, sino hacia los que no llegaron a nacer.En el próximo post, nos adentraremos en el impacto silencioso de los abortos en el alma familiar. En el próximo post, hablaremos de «Los No Nacidos: El Lugar de los Abortos en el Alma Familiar».

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