Siempre me gusta contar la historia de mi amigo Álvaro. Cuando era un niño, un perro le mordió en la pierna. Se llevó un susto de muerte. Y desde entonces, les tiene un pánico atroz. En principio, es una reacción normal, incluso lógica.

El problema es que Álvaro tiene hoy 50 años. Mide casi dos metros, pesa 140 kilos, y verle cambiar de acera para huir de mi chihuahua es, os lo aseguro, una escena bastante simpática. Su reacción, la de un niño asustado, sigue operando en el cuerpo de un gigante, completamente desconectada de la realidad actual. Álvaro sigue reaccionando a un peligro que ya no existe.
La historia de Álvaro es la ilustración perfecta de lo que Bert Hellinger llamó Amor Ciego.
El Amor que nos Congela en el Tiempo
El amor ciego es el amor del niño. Es un amor mágico, incondicional y absoluto. Para un niño, sus padres son el centro del universo, su única fuente de vida y pertenencia. Por ese amor, es capaz de hacer cualquier cosa.
Este amor es, en esencia, una estrategia de supervivencia. Cuando el niño percibe que el sistema familiar está en peligro o que el vínculo con sus padres está amenazado, su amor ciego se activa y toma una decisión para sobrevivir. Es como si el alma sacara una fotografía de la situación de crisis y dijera: «Vale, para ser amado y pertenecer, tengo que hacer ESTO».
- Si mamá está triste, el niño dice: «Yo estaré triste contigo para que no te sientas sola».
- Si papá fracasa, el niño dice: «Yo tampoco tendré éxito para ser leal a ti».
- Si hubo un excluido en el sistema, el niño dice: «Yo lo representaré para que no sea olvidado».
El problema, como le pasa a Álvaro con los perros, es que esa fotografía se queda congelada en nuestro sistema. Crecemos, nos convertimos en adultos, y esa decisión infantil sigue operando desde el inconsciente, arrastrándonos a destinos que no son los nuestros. Este amor, en su ceguera, nos ata en lugar de liberarnos.
El Despertar del Adulto: El Amor que Ve
La sanación y la madurez llegan cuando empezamos a evolucionar del amor ciego al Amor que Ve.
El amor que ve es el amor del adulto. Es un amor que ha dejado atrás la fantasía mágica y puede mirar la realidad tal y como es. Y este amor no es una técnica ni un esfuerzo de la voluntad; es la consecuencia natural del movimiento más sanador que existe: el Asentimiento, del que ya hemos hablado. Es la expresión de un alma que ha aprendido a decir «Sí» a la vida tal como fue.
Este amor, nacido del asentimiento, tiene varias cualidades:
- Ve al Otro como Real: Ya no ve a los padres como dioses o como víctimas a las que hay que salvar, sino como seres humanos con su propio destino, sus propias limitaciones y su propia fuerza.
- Respeta el Destino: El amor que ve puede mirar un destino difícil (el de un padre, el de un abuelo) y decir «Sí, así fue para ti. Lo respeto». No intenta cambiarlo ni interferir, porque ha asentido a esa realidad.
- Diferencia y Honra: Es capaz de decir: «Querido papá, honro tu difícil destino. Y ahora, con tu permiso, yo elijo tener uno diferente y más afortunado». La lealtad ya no es la repetición ciega, es el respeto consciente.
- Toma su Propio Lugar: El amor que ve sabe que su lugar es el de «pequeño» ante sus padres y el de adulto en su propia vida. No se pone por encima para juzgar ni por debajo para mendigar.
La Evolución de la Lealtad
El viaje de la terapia y del autoconocimiento es, en esencia, este: la lenta y a veces dolorosa evolución de nuestras lealtades infantiles. Es aprender a transformar el «yo por ti» o el «yo como tú» del amor ciego, en el «gracias, y ahora yo con mi propia vida» del amor que ve.
Es dejar de ser el niño asustado que reacciona a un peligro del pasado, para convertirnos en el adulto que puede mirar al chihuahua, sonreír, y seguir su propio camino.
Epílogo: Los Movimientos del Alma Ciega
El amor ciego es la fuerza que está detrás de los enredos sistémicos más comunes. Son los «movimientos del alma» que nos llevan a sacrificar nuestra felicidad en el altar de una lealtad infantil.
En los próximos posts, exploraremos las dos manifestaciones más potentes de este amor ciego, dos frases que el alma susurra y que pueden determinar el curso de toda una vida.En el próximo post, nos adentraremos en el más común de estos movimientos. En el próximo post, hablaremos de «‘Yo Como Tú’: La Lealtad que nos Lleva a Repetir Destinos Difíciles».