Adopción: El Doble Vínculo de Pertenencia

Durante mucho tiempo, mi visión sobre la adopción era la de las películas: una historia bonita donde un niño encontraba una nueva familia y todos vivían felices para siempre. No me había parado a pensar más allá de eso.

Hasta que unos amigos nuestros, que habían adoptado a dos hermanos maravillosos, me contaron algo que me sacudió. El padre biológico de los niños se había puesto en contacto con ellos. Y los niños, ya adolescentes, no habían querido saber nada de él.

Adopción: El Doble Vínculo de Pertenencia

En ese instante caí en la cuenta. Caí en la inmensa complejidad emocional y sistémica que se esconde detrás de un acto de amor tan grande como la adopción. Comprendí que no se trata de borrar una historia y empezar otra. Se trata de tejer dos historias juntas en el corazón de un niño.

El Acto de Amor y la Herida Original

La adopción nace, casi siempre, de un acto de amor inmenso por todas las partes implicadas:

  • El amor de unos padres biológicos que, por las circunstancias que sean, toman la dolorosísima decisión de entregar a su hijo, a menudo creyendo que así le dan una oportunidad mejor.
  • El amor de unos padres adoptivos que abren su corazón y su hogar para acoger a un niño como propio.
  • Y el amor profundo del niño, que necesita pertenecer y vincularse para sobrevivir.

Pero junto a este amor, la adopción también conlleva una herida original, inevitable: la separación del primer vínculo, el biológico. Aunque el niño sea adoptado al nacer, aunque no tenga memoria consciente, su alma y su cuerpo registran esa primera ruptura. Es una herida de pertenencia que resonará, de una forma u otra, a lo largo de su vida.

El Doble Vínculo: Pertenecer a Dos Mundos

Aquí reside la clave sistémica de la adopción: el niño adoptado no deja de pertenecer a su familia biológica para empezar a pertenecer a la adoptiva. Pertenece, simultáneamente, a ambos sistemas. Tiene un doble vínculo de pertenencia.

Ignorar o negar uno de estos vínculos es la fuente de muchos sufrimientos posteriores.

  • Negar el Origen Biológico: A veces, los padres adoptivos, por miedo a «perder» al niño o por protegerlo del dolor, intentan borrar la historia de sus padres biológicos. Crean un secreto, un tabú. Pero el alma del niño lo sabe. Siente la ausencia, la falta de raíces. Y por lealtad invisible a esos padres de los que no se habla, puede desarrollar síntomas: tristeza, rabia, problemas de comportamiento, dificultad para tomar la vida… Es su forma de decir: «Falta una parte de mi historia».
  • Idealizar el Origen Biológico (y Rechazar el Adoptivo): En otros casos, el niño adoptado, especialmente en la adolescencia, puede idealizar a sus padres biológicos e imaginar una vida perfecta que le fue «robada». Rechaza a sus padres adoptivos, sintiendo que no «pertenece» realmente a ellos. Es un movimiento doloroso, a menudo impulsado por la herida de la separación original y la fantasía de que «allí» estaría completo.

La Sanación: Honrar Ambas Raíces

La paz y la fuerza para un niño adoptado llegan cuando ambos vínculos pueden ser reconocidos y honrados. Cuando se puede mirar a los dos sistemas y decir «Sí» a ambos.

Esto implica movimientos profundos para todas las partes:

  • Para los Padres Adoptivos: Requiere una generosidad inmensa. Es poder mirar a los padres biológicos (aunque no los conozcan, aunque su historia sea difícil) con respeto, sin juicio, y decirles internamente: «Gracias por darle la vida. Nosotros ahora lo cuidamos. Pero él/ella siempre será también vuestro/a hijo/a. Tenéis un lugar en nuestro corazón.» Este movimiento libera al niño de tener que elegir o ser desleal.
  • Para el Hijo Adoptado: Es el viaje de poder mirar a sus padres biológicos y decir: «Gracias por la vida. Respeto vuestro destino y el mío.» Y luego, poder mirar a sus padres adoptivos y decir: «Gracias por todo lo demás. Vosotros sois mis padres.» Es tomar lo bueno de ambos orígenes, sin excluir a nadie.
  • Para los Padres Biológicos (si es posible): Es poder mirar al hijo y a los padres adoptivos y decir: «Gracias por cuidarlo. Os doy mi bendición.» Es soltar con amor, sabiendo que el vínculo de sangre perdura.

Epílogo: La Riqueza de la Doble Pertenencia

La historia de mis amigos y sus hijos me enseñó que la adopción no es un camino fácil. Está lleno de complejidades, de lealtades encontradas, de dolores profundos. Pero también está lleno de un amor inmenso.

Cuando se logra honrar el doble vínculo, la adopción deja de ser una historia de carencia para convertirse en una historia de riqueza. El niño no tiene «menos», tiene «más». Tiene dos pares de raíces, dos fuentes de fuerza. Y desde ese lugar de doble pertenencia, puede tomar su vida con una plenitud única.

Hemos explorado la complejidad de la pertenencia en la adopción. Pero, ¿qué ocurre cuando la pertenencia se ve desafiada no por un origen diferente, sino por la propia elección de pareja?En el próximo post, nos adentraremos en cómo nuestras lealtades familiares invisibles influyen en a quién elegimos amar. En el próximo post, hablaremos de «La Elección de Pareja: ¿Buscas una Pareja o Repites una Historia?».

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