Durante décadas, mi vida profesional fue un reflejo de mi caos interno. Como ya he compartido, mi rol de «oveja negra», mi guerra sorda con mi padre, mi arrogancia de hijo que se sentía «más grande» que sus padres… todo ese desorden tenía un correlato directo en el mundo exterior. Era una sensación constante de nadar a contracorriente, de que las cosas costaban un esfuerzo titánico, de no encontrar mi lugar.
Y entonces, a través de este trabajo, empecé el lento y difícil camino de «tomar a mis padres». De inclinarme. De soltar el juicio. De tomar mi lugar de hijo. Fue un movimiento interno, callado, sin grandes explosiones.

Y, casi sin darme cuenta, las cosas empezaron a variar. Mi situación profesional empezó a cambiar. La lucha cedió. La sensación de escasez se atenuó. No fue magia. Fue la consecuencia inevitable de haber puesto en orden la fuente de mi fuerza.
El Éxito No Es (Solo) Personal
Vivimos en una cultura que nos dice que el éxito profesional es una cuestión puramente individual: tu talento, tu esfuerzo, tu disciplina, tu «networking». Y, por supuesto, todo eso influye. Pero desde la mirada sistémica, esto es solo la superficie.
Nuestro éxito o fracaso profesional está profunda, íntima e inseparablemente vinculado a nuestro lugar en el sistema familiar. Más concretamente, está vinculado a cómo nos relacionamos con nuestros padres.
¿Por qué? Porque, a nivel anímico y arquetípico, cada uno de ellos nos da algo fundamental para la vida en el mundo.
La Madre: La Fuente de la Abundancia y la Vida
Como hemos explorado, la madre es nuestra primera conexión con la vida. Ella es el arquetipo del sustento, de la nutrición, de la abundancia. Nuestra relación con ella define nuestra capacidad de «tomar» lo bueno de la vida.
Cuando un hijo no ha «tomado» a su madre, cuando la juzga, la rechaza o se siente superior a ella (parentalización), está, a un nivel profundo, rechazando la vida misma. Y esto se manifiesta en el mundo material:
- El dinero «no llega» o se va tan rápido como vino.
- Hay una incapacidad para disfrutar del éxito. Se alcanza la meta, pero se siente vacía.
- Hay una sensación crónica de carencia, de que «nunca es suficiente».
El éxito tiene la cara de la madre. Si no podemos mirar a nuestra madre con respeto, a menudo no podemos mirar el éxito de frente y tomarlo plenamente.
El Padre: La Fuerza para Conquistar el Mundo
Si la madre es el sustento interno, el padre es el puente hacia el mundo exterior. Él representa la ley, la estructura, la sociedad, la fuerza para salir del nido y tomar nuestro lugar en el mundo.
El padre nos da el impulso para ir hacia adelante, para poner límites, para sostenernos en nuestra propia autoridad y para llevar a cabo nuestros proyectos.
Cuando un hijo no ha «tomado» a su padre, cuando está en guerra con él (como yo lo estuve), cuando lo juzga o lo rechaza, está castrando su propia fuerza para el mundo:
- Le cuesta poner límites (con jefes, con empleados).
- Siente una inseguridad crónica en su rol profesional, un «síndrome del impostor».
- Tiene conflictos constantes con la autoridad (jefes, el estado, las reglas).
- Sabotea sus proyectos justo antes de que triunfen, por una lealtad inconsciente al padre al que ha juzgado.
Mi «guerra total» con mi padre era, en realidad, una guerra contra mi propia capacidad de triunfar. Al rechazarlo a él, rechazaba la fuerza que necesitaba para sostenerme en el mundo.
El Éxito Profesional y tu Lugar en el Sistema: ¿Están Alineados? (Parte 2)
El Fracaso como Lealtad: Cuando el Éxito es una Traición
Si nuestra conexión con nuestros padres es la fuente de nuestra fuerza, ¿qué ocurre cuando esa conexión está desordenada? Ocurre que, inconscientemente, bloqueamos nuestro propio éxito. Lo hacemos por amor, un amor ciego, pero que nos mantiene atados a destinos que no son los nuestros.
- El Fracaso por Arrogancia (No Tomar al Padre): Como ya he compartido, pasé décadas en guerra con mi padre, juzgándolo, sintiéndome superior, jurando no ser como él. Estaba ocupando, en mi alma, un lugar de «grande» frente a él. ¿La consecuencia? Al no estar en mi lugar de «pequeño», no podía «tomar» nada de él. Y como es el padre quien nos da la fuerza para el mundo, yo estaba, sin saberlo, renunciando a mi propia fuerza. Mi fracaso profesional era la manifestación externa de mi desorden interno. No podía sostenerme con éxito en el mundo porque había rechazado el pilar que me tenía que sostener.
- El Fracaso por Lealtad (No «Superar» al Clan): A veces, el éxito se siente como una traición. Si venimos de un sistema marcado por la ruina (como mi lealtad a mi abuelo) o por el sacrificio, prosperar puede generar una «mala conciencia» insoportable. «No tengo derecho a tener más que mis padres». «No puedo ser más feliz de lo que ellos fueron». Y entonces, el auto-sabotaje se convierte en nuestra forma de seguir perteneciendo. Fracasamos para seguir siendo «uno de ellos».
- El Fracaso por Culpa (No Tomar a la Madre): Como vimos, la madre es la abundancia. Si juzgamos a nuestra madre, si la rechazamos, si nos sentimos «mejores» que ella, cerramos el grifo a nuestra capacidad de recibir. Podemos trabajar como locos, pero el dinero «se nos escapa», no logramos disfrutar de lo que ganamos, o vivimos en una sensación crónica de carencia, por mucho que ingresemos. Es el alma diciendo: «Si rechazo la primera fuente de abundancia (la madre), rechazo toda la abundancia».
El «Éxito» como Huida: Cuando Trabajar es No Estar
Pero hay una trampa aún más sutil. A veces, miramos a alguien y vemos un «éxito» arrollador: el adicto al trabajo, el CEO que vive para su empresa. Y desde fuera, parece la cumbre del triunfo. Sin embargo, desde la mirada sistémica, este «éxito» a menudo no es fuerza, sino huida.
Es el movimiento de una persona que, incapaz de sostener el dolor de su sistema de origen (quizás una madre triste, un padre ausente, un ambiente caótico), «huye» prematuramente hacia el mundo, hacia el «hacer». Se convierte en un profesional brillante, pero está vacío por dentro. Su éxito no es una expresión de plenitud; es un intento desesperado de no sentir. Utiliza el trabajo para no tener que conectar con la intimidad, con la pareja, con los hijos… ni consigo mismo. Es un éxito sin alma, que a menudo se derrumba cuando la persona se ve obligada a parar.
La Sanación: Tomar tu Lugar para Tomar tu Fuerza
La solución a nuestros bloqueos profesionales, por tanto, rara vez se encuentra en un nuevo curso de marketing o en trabajar más duro. La verdadera sanación es un movimiento interno, un acto de orden.
Mi propia vida es el testimonio más claro. Mi situación profesional, esa sensación de ir de «regular a mal», solo empezó a variar de forma real y sostenible tras el lento y difícil proceso de «tomar» a mis padres.
«Tomar a los padres» es el acto de humildad de volver a nuestro lugar de «pequeños».
- Es poder mirar a ese padre (el mío, que ya falleció) y decirle desde el alma: «Tú eres el grande, yo soy el pequeño. Respeto tu destino, fue como fue. Dejo contigo tus cargas. Y ahora, tomo de ti la fuerza para el mundo. Gracias.»
- Es poder mirar a esa madre y decir: «Tú eres la grande, yo soy la pequeña. Tomo la vida de ti, al precio que te costó. Y ahora, con tu permiso, me permito disfrutarla y que me vaya bien.»
Cuando hacemos este doble movimiento, cuando nos anclamos correctamente en nuestro origen, la fuerza de la vida (de la madre) y la fuerza del mundo (del padre) pueden por fin fluir a través de nosotros sin bloqueos.
Epílogo: El Éxito Sereno
El éxito profesional, visto desde esta perspectiva, no es una conquista del ego. Es la consecuencia natural de estar en orden. Es la expresión de nuestra fuerza vital fluyendo hacia un proyecto al servicio de la vida.
Cuando estamos en nuestro lugar, el éxito deja de ser una lucha y se convierte en algo más parecido a una cosecha. Y lo más importante: deja de ser una fuente de culpa para convertirse en una fuente de paz serena. La paz de saber que estamos, por fin, alineados con nuestro destino.
Hemos explorado cómo nuestro lugar en el sistema define nuestro éxito. Pero, ¿qué pasa con el dinero en sí mismo? ¿Qué representa? ¿Por qué se repiten los patrones de escasez o de ruina de generación en generación?
En el próximo post, nos adentraremos en esta energía tan concreta y tan simbólica. Hablaremos de «La Relación con el Dinero: ¿Repites los Patrones de tu Familia?».