Me gusta mucho esta vida. A pesar de las dificultades, de las caídas, de las heridas… me gusta. Siento un apego profundo a la simple experiencia de estar aquí, a los pequeños milagros cotidianos, al sol en la cara, al abrazo de mis hijos. Por eso, durante mucho tiempo, fui incapaz de entender al suicida, a la persona que siente ese impulso irrefrenable de marcharse antes de tiempo. No encontraba ninguna razón lógica, ninguna justificación que pudiera explicar ese deseo de apagar la luz. Mi incomprensión era absoluta, casi un muro.

Hasta que un día, en una constelación a la que asistí, ese muro se derrumbó. Lo vi. Vi el inmenso, desgarrador y absolutamente leal amor que se escondía detrás de un deseo de muerte.
Era el caso de una chica joven, atrapada en una depresión profunda y recurrente que la medicina no lograba explicar del todo. La constelación mostró su conexión invisible con una antepasada, una mujer que había muerto muy joven en circunstancias trágicas. Y vimos, con una claridad que helaba la sangre, cómo la vida de esta chica se había convertido en un calco milimétrico de la de su antepasada. Mismos patrones de relación, mismos fracasos, mismos síntomas… y ahora, acercándose peligrosamente a la misma edad en la que la otra había muerto, la misma y oscura llamada del vacío.
En ese instante lo comprendí. No era debilidad. No era cobardía. Era amor. El amor más ciego, más infantil y más poderoso que existe. Solo el amor es capaz de hacer estas cosas.
La Lealtad Fatal: «Yo te Sigo»
Lo que presencié aquel día es uno de los «movimientos del alma» más potentes y peligrosos: la dinámica del «Yo te sigo».
Es un impulso inconsciente, nacido del amor ciego infantil y de la necesidad primordial de pertenencia, de seguir a un miembro querido del sistema familiar a la muerte. Ocurre con frecuencia cuando alguien en el clan murió demasiado pronto, de forma trágica, fue olvidado o no se le hizo el duelo adecuado. Puede ser un padre o una madre que murió joven, un hermano fallecido en la infancia, un niño no nacido (como vimos en un post anterior), o incluso un ancestro de una generación anterior cuyo destino quedó truncado (muertes en accidentes, suicidios, asesinatos).
El alma del descendiente, por una profunda necesidad de conexión y, a veces, por una culpa inconsciente de estar vivo cuando el otro no lo está, siente que no tiene derecho a una vida más larga, más plena o más feliz. A nivel inconsciente, susurra un juramento fatal: «Te quiero tanto que no te dejaré solo. Yo te sigo.» Es un acto de solidaridad mal entendida, una prueba de amor que lo mantiene vinculado al destino del fallecido, a menudo a costa de su propia vida.
La Enfermedad como Vehículo: El Cuerpo Obedece al Alma
Este deseo inconsciente de «seguir» al otro no siempre se manifiesta como un suicidio directo. A menudo, el alma elige caminos más lentos, más socialmente aceptables o simplemente más velados, para cumplir su lealtad. Y la enfermedad se convierte en el vehículo perfecto.
- Enfermedades Graves: Ciertas enfermedades graves y potencialmente mortales (como algunos tipos de cáncer o patologías degenerativas rápidas) pueden ser, a nivel sistémico, la manifestación de este «Yo te sigo». La persona, aunque conscientemente luche por su vida, puede sentir a un nivel profundo que su destino está atado al de otro, y su cuerpo obedece a esa ley superior del alma familiar. El crecimiento celular descontrolado, por ejemplo, puede ser el reflejo de un alma que ha «decidido dejarse ir» para seguir a alguien.
- Accidentes Recurrentes: Una propensión inexplicable a los accidentes graves, a ponerse en situaciones de riesgo una y otra vez, puede ser otra forma en que el alma intenta cumplir su juramento de seguir al que se fue, buscando inconscientemente un desenlace fatal.
- Depresión Profunda e Ideación Suicida: Como en el caso de la chica que constelé, una depresión crónica, resistente a los tratamientos, con una profunda apatía y falta de ganas de vivir, a menudo esconde esta lealtad. La persona no está «deprimida» en un sentido puramente químico; está «ocupada» mirando a la muerte por amor a otro. Su alma no está plenamente presente en la vida.
- Síntomas Específicos: A veces, el síntoma da una pista muy concreta. Una enfermedad en el útero puede señalar a un hijo no nacido al que se desea seguir. Un problema pulmonar puede conectar con un ancestro que murió ahogado. El cuerpo habla un lenguaje simbólico.
Honrar la Vida Respetando la Muerte: El Camino de Vuelta
La sanación de esta dinámica es increíblemente delicada. No se trata de «convencer» a la persona de que quiera vivir, ni de negar su profundo amor por el fallecido. Se trata de traer a la luz la lealtad oculta, honrarla y, luego, diferenciar los destinos.
En una constelación, se da un lugar al ancestro fallecido. Se reconoce su destino (por corto o trágico que fuera), se honra su vida y se le permite descansar en paz. Y entonces, el descendiente, mirando a ese ancestro, puede hacer el movimiento liberador. Es un acto de profunda humildad y respeto, que a menudo se acompaña de frases sanadoras:
«Querido/a [nombre del ancestro]. Veo tu destino. Fue difícil y terminó pronto. Te honro.» (Reconocimiento y Respeto)
«Tú eres tú y yo soy yo. Tú en tu destino y yo en el mío.» (Diferenciación)
«Por favor, mírame con buenos ojos si yo me quedo en la vida y si para mí es más fácil.» (Pedir Permiso para Vivir)
«En tu honor y en tu memoria, haré algo bueno con mi vida. La tomaré plenamente.» (Transformar la Lealtad)
Este movimiento separa los destinos. Permite que el amor siga fluyendo, pero ya no como una condena que arrastra a la muerte, sino como una fuerza que impulsa hacia la vida.
Epílogo: El Amor que Elige la Vida
Comprender la dinámica del «Yo te sigo» no justifica el deseo de morir, pero nos permite mirarlo con una compasión radicalmente diferente. Deja de ser un acto de debilidad para revelarse como un acto de amor extremo y desordenado.
Y nos enseña que la mayor lealtad, el acto de amor más grande que podemos hacer por nuestros ancestros que partieron antes de tiempo, no es repetir sus tragedias. Es tomar la vida que ellos nos pasaron, con todo lo bueno y lo difícil, y vivirla plenamente. En nuestra alegría, en nuestro éxito, en nuestra simple presencia aquí, ellos también viven. Elegir la vida es el mayor honor que podemos rendirles.
Hemos explorado cómo la enfermedad puede ser un mensaje del sistema, y cómo a veces ese mensaje es un deseo de seguir a alguien a la muerte. Pero, ¿qué ocurre con el dinero? ¿Puede también el dinero ser un lenguaje que nos habla de nuestros enredos familiares?En el próximo post, volveremos a un tema que ya tocamos, pero desde una nueva perspectiva. En el próximo post, hablaremos de «El Dinero como Energía del Sistema: ¿Qué Representa en tu Familia?»