La Mirada Sistémica

No Somos Islas: El Salto del Pensamiento Lineal al Sistémico

No quiero ser tu gurú.

Después de dieciséis posts explorando juntos el desierto de la crisis, desmontando las trampas de los falsos salvadores y poniendo nombre a los dolores más solitarios, es fundamental que empiece esta nueva fase con una declaración de principios. No estoy aquí para darte respuestas, ni para venderte una nueva «bala de plata». Mi única intención es ofrecerte algo mucho más valioso y duradero: una nueva forma de mirar.

Hasta ahora, nuestra cultura nos ha enseñado a pensar sobre nuestros problemas de una única manera, una lógica que yo llamo «la lógica del billar». Es el pensamiento lineal: la bola A (un padre ausente) golpea a la bola B (tu baja autoestima), que a su vez golpea a la bola C (tus relaciones fracasadas). Es una cadena de causas y efectos. Pasamos años en terapia identificando qué bola golpeó a cuál, y aunque entenderlo nos da un cierto alivio intelectual, a menudo nos deja con una frustración inmensa, porque a pesar de «saber» por qué nos pasa lo que nos pasa, el patrón se sigue repitiendo. La partida de billar continúa, una y otra vez.

Yo mismo pasé años atrapado en esa lógica. Intentaba entender a mi «versión canalla», esa parte de mí que emergió en mi recaída, el embaucador autodestructivo. Según la lógica del billar, era un defecto de mi carácter, un trauma no resuelto, una sombra que debía reprimir o arreglar. Pero entenderlo no lo cambiaba. El canalla seguía apareciendo.

El verdadero cambio, la auténtica liberación, llegó cuando me atreví a cambiar de juego. Cuando entendí que no era una bola de billar, sino un hilo en una vasta e intrincada telaraña.

La Lógica de la Telaraña: «Yo soy porque nosotros somos»

El pensamiento sistémico es un salto cuántico. Nos invita a dejar de vernos como individuos aislados y a reconocernos como parte de un sistema mucho más grande: nuestra familia, nuestro clan, nuestra «Red Invisible». Como en una telaraña, cada miembro está conectado a todos los demás. Un movimiento en un extremo lejano hace vibrar el hilo en el que tú te encuentras.

Esta idea, que hoy parece revolucionaria en terapia, es una sabiduría ancestral. Bert Hellinger, el padre de las Constelaciones Familiares, la observó por primera vez viviendo con el pueblo Zulú en Sudáfrica. Ellos vivían inmersos en el concepto de ubuntu: «yo soy porque nosotros somos». Entendían que la identidad individual no existía sin la identidad colectiva, que el bienestar de uno estaba indisolublemente ligado al bienestar de la tribu, incluyendo a los que vinieron antes.

Cuando aplicas esta lógica de la telaraña a tu vida, las preguntas cambian radicalmente. Ya no se trata de una cadena de culpas. La pregunta deja de ser «¿Por qué me pasa esto?» y se convierte en una mucho más profunda y misteriosa: «¿Al servicio de quién o de qué me está pasando esto?«.

Del Defecto Personal al Acto de Amor (con Ciencia)

Este cambio de pregunta lo altera todo. De repente, el síntoma deja de ser un error, una debilidad o una patología. A menudo, se revela como un mensaje, como un acto de profundo amor ciego.

Tu ansiedad inexplicable, ¿es tuya, o es el eco del pánico de una abuela que tuvo que huir de una guerra? Esto, que podría sonar a cuento chino, está empezando a ser explicado por la ciencia más puntera. El campo de la epigenética está demostrando que las experiencias traumáticas pueden dejar una «cicatriz» química en nuestro ADN. No alteran el gen en sí, pero sí activan o desactivan la expresión de ciertos genes, como si fueran interruptores. Y lo más asombroso es que estos «interruptores» pueden ser heredados por las generaciones siguientes. El pánico de tu abuela pudo, literalmente, haber apagado un gen relacionado con la regulación del estrés, y tú, sin saberlo, has heredado esa configuración.

Tu incapacidad para prosperar económicamente, ¿es tuya, o es una lealtad invisible hacia un padre que lo perdió todo? Tu tristeza crónica, ¿es tuya, o estás cargando con el duelo no resuelto de alguien que murió demasiado joven en tu familia?

El momento en que entendí que mi «versión canalla», con su caos y su encanto destructivo, no era un defecto mío, sino la repetición casi exacta del patrón de vida de mi abuelo paterno —un hombre del que se hablaba poco pero cuya energía estaba muy presente—, supuso una liberación indescriptible. No era mi maldad; era mi lealtad. Mi alma, por un amor infantil y ciego, estaba intentando incluirlo, diciendo «yo como tú», para que el sistema no lo olvidara.

La Mirada Sistémica

Esta capacidad de percibir las conexiones invisibles, de entender que nuestros comportamientos, sentimientos e incluso sensaciones pueden ser ecos de destinos de nuestros ancestros, es lo que llamamos La Mirada Sistémica.

No es una creencia, es una forma de observar. Es una lente que nos permite ver las capas más profundas de nuestra realidad, más allá de la superficie de nuestra biografía personal. Es entender que nuestra historia no empezó el día que nacimos, sino muchas generaciones antes. Esta mirada no busca culpables, sino que busca incluir a todos los que pertenecen, honrar todos los destinos y poner orden en el sistema para que el amor pueda fluir de nuevo de una manera sana.

Y es fundamental decirlo con claridad: esta mirada es una herramienta, no la única. Es un complemento, no un sustituto. Cualquier proceso de sanación profundo debe ir de la mano de un acompañamiento médico y psicológico responsable. Nuestro objetivo aquí no es ofrecer curas mágicas, sino expandir la conciencia.

Epílogo: Una Invitación a Abrir los Ojos

El salto del pensamiento lineal al sistémico es, quizás, el paso más importante en cualquier camino de autoconocimiento profundo. Es dejar de mirar la ola y empezar a sentir la marea. Es entender que muchos de nuestros mayores sufrimientos no son un signo de que estemos rotos, sino la prueba de que pertenecemos a algo mucho más grande.

No te pido que creas nada. Solo te invito a que sostengas esta nueva pregunta y observes tu vida a través de ella. A que te atrevas, por un momento, a mirar con unos ojos nuevos y más amplios.Hemos descrito una nueva forma de mirar. En el próximo post, conoceremos la extraordinaria historia del hombre que, con una valentía y una capacidad de observación sin precedentes, cartografió este territorio invisible para todos nosotros. Un hombre que escuchaba al alma. En el próximo post, nos preguntaremos: ¿Quién fue Bert Hellinger?

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